Ronda80. Selección de noticias

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sábado 16 de mayo de 2009

El aborto debilita los derechos de la mujer

artículo de Jesús Javier Sánchez Barricarte/ profesor de sociología de la universidad Carlos iii de Madrid/ www.abc.es/ martes 12 de mayo de 2009

Para solucionar correctamente un problema es imprescindible analizarlo desde todas las perspectivas posibles y, sin duda, en el asunto del aborto hay aspectos que permanecen ocultos para la mayor parte de la población. Que nadie se equivoque: el debate actual sobre el aborto no está en aclarar si el feto es o no un ser humano, sino en si ha de prevalecer el derecho de las mujeres a abortar sobre el de sus hijos a nacer y vivir. Cuando se ven imágenes de niños despedazados por un aborto se tienen muy pocas dudas de que con una, eufemísticamente denominada, «interrupción voluntaria del embarazo» no se interrumpe momentáneamente nada sino que se termina definitivamente con la vida de un miembro de la especie humana.

La incidencia del aborto entre las mujeres inmigrantes es cinco veces mayor que entre las españolas. La estrecha relación entre la incidencia del aborto y el grado de vulnerabilidad económica y social de las mujeres extranjeras no sólo se manifiesta en sus mayores tasas de aborto sino también en los más altos niveles de violencia machista (seis veces superiores al de las españolas). Socialmente resulta mucho más barato financiar un aborto a una mujer en dificultades que apoyarle con ayudas que le permitan tomar una decisión verdaderamente libre sobre su maternidad. No hay libertad cuando no hay opción de elegir. En apariencia las leyes del aborto dan más autonomía reproductiva a las mujeres, pero en el fondo son el mecanismo más barato, insolidario y atentador contra su libertad.

Si lo que se quiere es dar absoluta libertad para que las mujeres puedan decidir plenamente sobre su maternidad, ¿por qué se proponen leyes que limitan el derecho al aborto hasta un determinado período de gestación y no se permite, por ejemplo, que una mujer pueda «interrumpir su maternidad» hasta pasadas unas semanas después del nacimiento? La hipocresía que rezuman las sociedades occidentales es de tal grado que existen países donde es legal poder abortar a un niño hasta el mismo momento antes de nacer utilizando, por ejemplo, la técnica del aborto por nacimiento parcial. Ésta consiste en extraer al niño no nacido por los pies fuera del vientre materno y, mientras la cabeza aún se encuentra en el útero (con lo que, por tanto, aún «no ha nacido» técnicamente), el médico le realiza una incisión en la nuca y, con una aspiradora, extrae la masa cerebral provocándole la muerte. Resulta estremecedor, pero ocurre.

La doble moral aplicada es tan llamativa que en algunos países se considera maltrato infantil que un padre propine una bofetada a su hijo y, sin embargo, se permite dejar morir a los fetos que sobreviven a un intento de aborto. En el Reino Unido, 66 niños sobrevivieron a un intento de aborto durante el año 2005. A los que nacen vivos en estas circunstancias no se les atiende médicamente y se les deja agonizar (a veces durante horas) hasta que mueren. En el año 2007, se abortaron en España 2.164 fetos con 21 ó más semanas de gestación, aunque el Gobierno no informa de cuántos llegaron a nacer vivos.

Una estrategia típica del proabortismo es sacar a la luz situaciones trágicas pero excepcionales con el objetivo de sensibilizar a la sociedad sobre la necesidad de una legislación que permita el aborto. La realidad es que estos casos son puntuales. En España, en el año 2007, de las de 112.138 mujeres que abortaron, tan sólo 10 (sí, lee usted bien, sólo 10) alegaron que habían sido violadas. Por otra parte, los sistemas sanitarios de los países occidentales son tan avanzados que los casos en que el embarazo supone un peligro real para la vida de la madre son muy raros. Por ejemplo, si en España sólo se permitiera el aborto a las mujeres violadas o a las que su vida corriera realmente peligro, las tasas se reducirían en más de un 99 por ciento.

¿Sabían ustedes que son muchísimas más las mujeres que fallecen como consecuencia de las complicaciones médicas que generan los 27 millones de abortos «legales» que se practican en el mundo todos los años, que las embarazadas que mueren porque en sus países no se les permite abortar? Según datos de Naciones Unidas, el 99,5 por ciento de la población mundial vive en países donde las mujeres pueden terminar con el embarazo legalmente si corren realmente peligro sus vidas.

Muchas organizaciones internacionales, incluida la ONU, llevan empeñadas muchos años en transmitir la idea de que la provisión de servicios abortivos es una medida eficaz para reducir la mortalidad materna (la que ocurre entre las mujeres como consecuencia del embarazo) en los países en vías de desarrollo. Las estadísticas más recientes muestran que, de las muertes maternas que se producen en África, no llega al 4 por ciento las que se deben a un aborto ilegal. Este porcentaje no llega al 6 por ciento en Asia. La inmensa mayoría de las muertes maternas se debe a razones como las hemorragias postparto, infecciones, malaria y anemia. Sin embargo, se utiliza la mortalidad materna como excusa para promocionar costosas campañas mediáticas internacionales favorables al aborto.

Lo que nunca hacen las organizaciones pro abortistas ni los gobiernos es sacar a la luz la vasta literatura científica que detalla las muy frecuentes dificultades que tienen que encarar las mujeres que abortan y que limitan su calidad de vida posterior: problemas psicológicos y psiquiátricos (estrés postraumático, suicidios), futuros partos prematuros, más casos de embarazos ectópicos y de cáncer de pecho, etc.

La mayor parte de las feministas consideran que las leyes del aborto mejoran la situación de la mujer en la sociedad. Sin embargo, los datos estadísticos nos dicen otra cosa muy distinta. Dadas las facilidades de los modernos sistemas que permiten conocer el sexo de los fetos, no es casualidad que la mayoría de abortos en el mundo sean de niñas y no de niños. En muchas sociedades se prefieren los hijos varones a las féminas. Antes era común el infanticidio femenino en sociedades orientales, ahora no es necesario esperar a que nazca una niña para matarla, se la elimina antes de nacer. Algunas estimaciones de Naciones Unidas calculan que en Asia faltan entre 100 y 200 millones de mujeres. En los últimos 20 años se han abortado en China unos 30 millones de niñas por razón de su sexo y más de 10 millones en India.

En muchos países asiáticos, el vientre de muchas madres se ha convertido en las tumbas de sus hijas. El aborto selectivo según el sexo no es algo exclusivo de lejanos países orientales. En varias comunidades de inmigrantes asiáticos residentes en Canadá, Inglaterra y EE.UU. se sabe que miles de niñas ya han sido abortadas por el simple hecho de ser del sexo no deseado por sus padres.

Frente a este «feminicidio», las organizaciones pro abortistas y los partidos políticos «progresistas» guardan un irresponsable y cómplice silencio porque saben que no pueden defender que el derecho al aborto es bueno para las mujeres occidentales y malo para las orientales. Ninguna de esas organizaciones se manifiesta contra el mecanismo más agresivo y violento y que más muertes de mujeres se cobra cada año en el mundo: el aborto procurado. ¿Con qué argumentos éticos podemos los occidentales pedir a las sociedades asiáticas que no aborten a sus hijas si nosotros permitimos que una mujer aborte por cualquier motivo en los primeros meses de gestación?

Las consecuencias sociológicas y demográficas del desequilibrio de sexos son muy graves. Decenas de millones de hombres (los más pobres) no podrán encontrar pareja. Las profesoras V. Hudson y A. Boer, en un estudio doblemente premiado sobre las implicaciones del excedente de varones, señalan que éste genera más violencia contra las mujeres. China tiene la mayor tasa de suicidio femenino del mundo y, además, es el único país donde la tasa de suicidio entre las mujeres es superior a la de los hombres.

El estatus de las mujeres se rebaja cuando éstas escasean ya que los hombres tienden a controlarlas más. En India y China ya existe un floreciente tráfico de mujeres que satisface los deseos de hombres solteros dispuestos a pagar para casarse. Muchas jóvenes son compradas y secuestras en lugares rurales y deprimidos para ser vendidas a hombres adinerados. En definitiva, lo que nos dicen los datos es que el aborto no sólo no libera a las mujeres sino que, además, acentúa y perpetúa la dominación machista.

África y preservativo. Gracias Benedicto


Artículo de Francisco Javier Martinez, arzobispo de granada / www.laopiniondegranada.es /jueves 14 de mayo de 2009

Los dos hechos que siguen me han sido contados por sus protagonistas.

En un país de América Latina, una médico, ginecóloga, premiada como la mejor médico del país por el gobierno de su nación, ha dedicado parte de su vida profesional a impartir un programa de educación afectiva y sexual a adolescentes y jóvenes. Es un programa con una duración de seis meses, y un trabajo semanal a lo largo de ese período.

El programa consiste en dar a conocer con detalle suficiente a los jóvenes (ellos y ellas) el funcionamiento del cuerpo humano en relación con la sexualidad y con el afecto. Con detenimiento y cariño, por ejemplo, se les acompaña a las muchachas a conocer sus ciclos reproductivos, y a todos a descubrir la belleza de la sexualidad y su funcionamiento, a reconocer el misterio que somos y lo bien que Dios nos ha hecho. Es un programa magnífico, creado por una médico norteamericana (una religiosa) que ha trabajado muchos años como ginecóloga en Pakistán y en Bangladesh.

Nuestra médico de América Latina estaba impartiendo su programa en un colegio de la capital de su nación al que asistían las hijas del ministro de Educación. Un día, en el entreacto de un teatro, coincidieron el ministro y la médico. Fue el ministro quien vio a la médico, y se acercó a ella para felicitarla: "¡Doctora, qué alegría verla! ¡No se puede hacer idea de lo contentas que están mis hijas! ¡Vienen a casa y no paran de hablar de lo bonito que es su programa y del bien que les hace! ¡Enhorabuena!"

El ministro siguió en esa vena por un rato, hasta que la médico le dijo: "También a mí me alegra, ministro, que sus hijas estén tan contentas, y que usted haya tenido la ocasión de ver el valor que tiene un programa planteado así. ¿Qué le parece si desde el Ministerio se permitiese que en los colegios públicos donde los padres lo pidieran -las hijas del ministro estudiaban, como es natural, en un colegio privado-, pudiéramos también dar el mismo programa?" "¡Ah! ¡Eso no, doctora! ¡Eso no puede ser! A unos pocos se les puede educar, pero al pueblo hay que darle preservativos".

Vamos con la segunda: En este caso era una médico norteamericana, que trabajaba en Ghana, en un centro de Atención Primaria. Había estado en la Conferencia Internacional de El Cairo sobre la Población y el Desarrollo, en 1994, y de retorno a América, antes de volver a su misión, pasó por España. Coincidimos en un acto, nos presentaron y estuvimos hablando un buen rato.

En el centro donde ella trabajaba, en una zona sumamente deprimida -me dijo-, morían todos los días niños deshidratados a causa de una simple colitis, por falta de suero fisiológico, y por la ignorancia de las madres. Sin embargo, el centro estaba literalmente "lleno" -o tal vez sería mejor decir "invadido"- de cajas y cajas de preservativos que ciertas compañías americanas y europeas les enviaban gratis, hasta no saber qué hacer con ellos, porque ocupaban un espacio en el centro que no tenían, y que necesitaban para cosas más urgentes y más graves.

¿Cui prodest? ¿Quién paga el anuncio? ¿Qué visión del ser humano y de la vida -y de las distintas clases de seres humanos, y de vidas humanas- se esconde detrás de estas historias? ¿Quiénes, qué poderes y qué industrias, se benefician de la despoblación de África, y piensan ya sin duda en los futuros beneficios de sus inmensas riquezas y reservas naturales? Sin duda, los mismos que degradan sin cesar y sin límite nuestra propia humanidad y la dignidad de nuestro pensamiento cuando deciden -y nadie sería capaz de explicar racionalmente en virtud de qué poder-, promover entre nosotros la banalización absoluta del uso del cuerpo humano y del sexo.

Los mismos que deciden que el matrimonio -esa maravillosa y fragilísima realidad humana, o mejor, divina- no es un bien que necesita ser protegido. Los mismos que han decidido que a cualquier cosa -incluso constitutivamente estéril- se la puede llamar matrimonio, haciendo burla de los millones de personas de las que ellos viven, porque son quienes pagan como pueden sus impuestos, aunque ninguna de esas personas -absolutamente ninguna- haya nacido de esas uniones estériles.

Los mismos que deciden que matar a un ser humano, siempre que no haya nacido y no tenga voz para gritar, ni acceso a los medios de comunicación para defender sus derechos, ni un sindicato que le defienda, es legítimo, con tal de que les convenga a alguno de los adultos implicados. Los mismos que están a punto de decidir "una salida" igualmente digna y honrosa "a favor" de quienes han dejado ya de producir, para que no sean una carga para la Seguridad Social.

Los mismos que piden mil controles para obtener un antibiótico, pero dan a menores, sin que sus padres lo sepan, sin rechistar y sin comentario, y todas las veces que haga falta, una píldora abortiva cuyas consecuencias, absolutamente conocidas en caso de abuso, no se quieren decir, para que no quede rastro o huella alguna, para que nadie les pueda reclamar el día de mañana por este crimen contra la humanidad de nuestros adolescentes (y contra su salud mental, afectiva y corporal).

Lo que se silencia es el dato -perfectamente constatado- de que el uso masivo de los preservativos no ha detenido el sida en África, sino que lo ha propagado. Y se silencia el número de suicidios que se producen entre las mujeres que han abortado. Y se silencia la amargura infinita y el dolor en que viven la inmensa mayoría de las que se han creído que "eso" era un derecho, y no saben que sería mucho mejor que fuese un pecado, porque los pecados, todos los pecados, HAY quien los perdona, y quien nos ama y nos abraza y nos cura.

Y se silencia que, según estadísticas oficiales, en Andalucía, la primera causa de muerte entre los adolescentes y jóvenes no son los accidentes de tráfico, sino el suicidio. Y como se silencia, nadie se pregunta por qué. No hace falta preguntarse, porque es obvio que vivimos en el país de las maravillas. Y estamos lanzados hacia el progreso. Desde luego, a toda velocidad. A tanta velocidad, que ya no podemos saber hacia dónde vamos, si hacia el progreso o hacia el abismo.

¡Qué difícil es no pensar en aquella escena de El tercer hombre en la que Joseph Cotten y Orson Wells mantienen una conversación en la noria del Prater de Viena! En aquella Viena destruida por la II Guerra Mundial, Orson Wells vendía de estraperlo penicilina adulterada, con terribles consecuencias para quienes la usaban, incluso cuando sobrevivían. Lo importante es mirar a los hombres de lejos, como desde lo alto de la noria, hasta que no sean más que puntitos... "Si te ofrecen veinte dólares por cada uno de esos puntitos que dejara de moverse, ¿cuántos crees que se resistirían? ... Y libres de impuestos, amigo, libres de impuestos..."

Con un cinismo helador, Orson Wells continúa: "Los gobiernos lo hacen, ¿por qué no podríamos hacerlo nosotros?" La sociedad de los puntitos vistos de lejos, vistos en las estadísticas, es ya nuestra sociedad. La vida del hormiguero industrioso al servicio de los intereses económicos y políticos de los poderosos podría ser nuestro futuro. Lo más sarcástico, lo más esperpéntico de todo, es que parecemos dirigirnos hacia ese futuro tan alegres y confiados como unos párvulos a los que sus maestros llevan de excursión.

Lo que el Santo Padre ha dicho en África es, sencillamente, que tenemos necesidad de cambiar nuestra mirada sobre la sexualidad. Y también que tenemos necesidad de cambiar nuestra mirada sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Dos verdades evidentes. Antes que ninguna otra reflexión acerca del derecho del Papa a hablar, o acerca de qué cosas puede o no puede, o debe o no debe hablar, lo que se impone recordar es, SOBRE TODO, QUE LO QUE HA DICHO EL PAPA ES VERDAD. Es verdad para África y es verdad para nosotros.

Es verdad para todo el que no se resigne a que nuestra sexualidad, ni nada en nuestra vida, sea como en la vida de los animales. Es verdad para todo el que no esté dispuesto a resignarse a que su futuro sea formar parte, solidaria y alegremente, del hormiguero universal, controlado por esa nueva casta de Grandes Hermanos que se multiplica como las setas. Hay una forma más bella, mejor y más humana de vivir la sexualidad. Hay una forma mejor, más bella y más humana de afrontar nuestra fragilidad y nuestra miseria, nuestra enfermedad y nuestra muerte.

¡Gracias, Santo Padre, por tener el valor de decirnos la verdad, a nosotros y a nuestros hermanos africanos! ¡Gracias por reclamarnos a todos a una vida de primera clase, a una vida verdadera y plenamente humana! ¡Millones de hombres pedimos al Señor todos los días para que no se canse, para que no ceda, para que el Señor le sostenga y siga siendo libre!

De laica ignorancia


comentario de Rafael serrano / www.aceprensa.com / Domingo 5 de mayo de 2009

A menudo se discute sobre la enseñanza de la religión en la escuela pública, que algunos proponen suprimir alegando que es contraria a la laicidad del Estado, incluso si es voluntaria. Pero hay otro asunto, más acuciante en la práctica, que baja el debate de las alturas constitucionales al terreno de la calidad educativa. El hecho es que muchos alumnos apenas saben religión, y la cuestión que se debería plantear con más urgencia es si la laicidad es compatible con la incultura.

Para quien no conoce el cristianismo y no tiene al menos nociones elementales de mitología clásica, los museos de Occidente son en gran medida como un libro cerrado. Lo comprueban a su pesar los profesores de historia del arte, a los que llegan promociones cada vez peor preparadas. Su queja no es que los chicos no hayan leído el preceptivo Gombrich, sino que no han abierto la Biblia.

A esta laica ignorantia está dedicado un reportaje de Rafa Julve en El Periódico de Catalunya (20-04-2009). El periodista recoge el lamento de profesores como Teresa Vicens, que enseña iconografía medieval en la Universidad de Barcelona: “En los 30 años que llevo dedicada a la docencia, he notado un gran descenso de cultura religiosa por parte de los alumnos que llegan a la universidad. Esa falta de base afecta negativamente a las posibilidades de aprender algunas épocas y obras, porque es necesario conocer la historia religiosa como cualquier otro hecho cultural”. Así, precisa, uno de los problemas más graves de estos jóvenes es que no tienen la más mínima idea de las cuestiones básicas de la Biblia... incluso hay algunos que no acertarían a explicar quiénes son Adán y Eva”.

La misma profesora cuenta otro caso extremo, aunque por desgracia no excepcional, de incultura religiosa entre los estudiantes: no pocos, dice, “ni siquiera saben por qué se celebra la Semana Santa”. A eso precisamente tiende la política implantada en el colegio de educación infantil y primaria Cervantes, de Barcelona. Allí se titula oficialmente “vacaciones de invierno” y “vacaciones de primavera” a lo que en escuelas menos cuidadosas con la laicidad siguen llamando Navidad y Semana Santa (cfr. El Periódico de Catalunya, 12-04-2009).

Este newspeak laicista recuerda al almanaque de los revolucionarios franceses, con la desventaja de que resulta aún más ridículo. Semejantes eufemismos no pueden eliminar la realidad que intentan silenciar. Algún día un alumno avispado preguntará por qué también tienen vacaciones en las mismas fechas los niños del hemisferio sur. Como en el reportaje mencionado al principio advierte Josep Maria Escolà, profesor de cultura clásica en la Universidad Autónoma de Barcelona, contra el laicismo radical que pretende borrar la huella de la religión en la sociedad: “No se puede anular una tradición”. Y Laura Torralbo, profesora de arte catalán medieval en la misma universidad, recalca que las ideas religiosas “forman parte de nuestra formación antropológica; no se puede obviar que nuestra cultura es cristiana”.

Respeto parcial a las sensibilidades

Por su parte, la directora del colegio Cervantes justifica la medida diciendo que se ha adoptado para “no herir sensibilidades” de personas con otras creencias; en particular, se ha querido hacer “un guiño para las familias laicas de Cataluña, que cada vez son más”. También los jóvenes ignorantes son cada vez más, como lamentan los profesores universitarios citados arriba, y el número seguirá creciendo merced a colegios como ese, donde por mor de la separación entre Iglesia y Estado, se aparta a los alumnos del patrimonio cultural común. Con la censura impuesta allí a lo religioso, los chicos difícilmente podrán entender las obras del escritor que da nombre a su escuela.

En cuanto al deseo de no herir sensibilidades, es llamativo que tal delicadeza rara vez se usa con los cristianos. Otro ejemplo reciente es de Estados Unidos; lo comenta Gary Bauer, que fue vicesecretario de Educación en la época de Ronald Reagan, en The Christian Science Monitor (22-04-2009).

Bauer se refiere a un estudio publicado el año pasado por Gilbert Sewall, director del American Textbook Council, sobre lo que se enseña acerca del islam en las escuelas públicas del país. Al revisar los libros de texto más usados para las clases de historia en secundaria, Sewall detectó mucha cosmética, claramente pensada para no herir sensibilidades musulmanas. Bauer considera comprensible que en temas delicados como ese, en la escuela se ponga mucho cuidado para no ofender a nadie. Así, dice, los libros de texto “deben afirmar la piedad y la caridad que practican centenares de millones de musulmanes en el mundo, y lo mismo deben decir de los cristianos”. El problema es que los manuales maquillan u omiten los temas controvertidos.

Por ejemplo, el término yihad no significa solo “guerra santa”, aunque muchos islamistas radicales lo usen para presentar su empeño, también si incluye acciones terroristas, como una causa noble inspirada en el Corán. Pero un difundido manual de secundaria define la yihad solo en su acepción espiritual: “hacer todo lo posible para resistir la tentación y vencer el mal”. Tampoco se puede identificar sin más la sharía con la discriminación de la mujer y las amputaciones para castigar a convictos de robo u otros crímenes; pero en distintas épocas y lugares se ha aplicado y aplica así. Sin embargo, un libro de texto revisado por Sewall dice solamente que la sharía “fija recompensas por buen comportamiento y penas por delitos”.

La tendenciosidad de tales eufemismos resulta evidente cuando se los compara con lo que esos mismos libros dicen del cristianismo. Según uno de los manuales, las Cruzadas fueron “guerras religiosas que los cristianos europeos emprendieron contra los musulmanes”. Pero cuando son musulmanes los que atacan y toman territorios de cristianos, se trata de la “formación de un imperio”. Con esas contorsiones de la historia, el deseo de evitar prejuicios anti-musulmanes puede acabar fomentando incomprensión hacia los cristianos. La verdad abierta y honestamente buscada es el cimiento de la convivencia entre diferentes.

De ateo a cristiano. La vuelta a casa de un escritor británico


recogido de www.aceprensa.com en www.newstatesman.com / lunes 11 de mayo de 2009

Desde que Richard Dawkins y compañía comenzaron su particular cruzada para salvar al mundo de la creencia en Dios, las filas del ateísmo han sufrido algunas bajas importantes. Primero fue el filósofo inglés Antony Flew que, tras estudiar los recientes hallazgos científicos sobre el origen de la vida, llegó a aceptar la existencia de Dios (cfr. Aceprensa, 16-04-2009). Ahora le ha seguido Andrew Norman Wilson, un novelista, biógrafo y articulista de renombre en la prensa británica.

A diferencia de Flew, que no ha abrazado ninguna religión en particular, la conversión intelectual de A. N. Wilson ha sido una vuelta a casa. Nacido en 1950 y bautizado en la Iglesia de Inglaterra, perdió la fe a finales de los años ochenta. Por entonces escribió un panfleto incendiario titulado Against Religion. El pasado 2 de abril, tras un lento proceso de maduración interior, anunció su regreso a la fe cristiana en un artículo publicado en el New Statesman (2-04-2009).

En su etapa de ateo convencido, Wilson escribió una biografía sobre el célebre apologista cristiano C.S. Lewis. El libro aunaba la fascinación con la perplejidad. Wilson no entendía cómo un hombre con tanto talento podía perder el tiempo escribiendo sobre algo tan infantil como el cristianismo. A su juicio, había alguna causa psicológica oculta que había trastornado gravemente el alma de Lewis.

Hablando de su abandono de la fe, explica que “el sentido de la presencia de Dios en el mundo y la creencia en la existencia de un Dios misericordioso, chocó brutalmente con la concepción terrible que yo tenía del mundo”.

Por aquella época Wilson retomó la amistad con Richard Dawkins –al que conoció en Oxford– y con Christopher Hitchens, dos de los más vehementes ateos del mundo. Con tono bromista, Wilson recuerda su reencuentro con Hitchens, que le sometió a una dura prueba de catecismo ateo: “‘¿Así que ya no crees en Dios?’ ‘No’, contesté orgulloso. ‘¿Ni en la vida eterna ni en un más allá?’ ‘No’, volví a responder dócilmente”.

“¡Por fin podía unirme al credo que defendían tantos (¿tantos?) colegas míos del mundo occidental: que los hombres y las mujeres son pura materia (signifique esto lo que signifique), que no hay más que lo que vemos, y que Dios, Jesús y la religión no son más que tonterías. O peor aún: la causa de todos los problemas del mundo, desde Jerusalén hasta Belfast, desde Washington hasta Islamabad”.

Desencantando con el ateísmo

Wilson explica que su visión negativa del cristianismo comenzó a gestarse en un ambiente cargado de prejuicios. “Como mucha gente ilustrada de Gran Bretaña y del norte de Europa, crecí en una cultura que era abrumadoramente laicista y antirreligiosa. Las universidades, los presentadores de TV y los medios en general, no sólo eran indiferentes a la religión sino antirreligiosos”.

“Para vergüenza mía, reconozco que fue esto lo que me hizo perder la fe en mi juventud. Pensé que ser creyente era algo trasnochado. Con la mentalidad de un niño pequeño, sentía de forma visceral que ser religioso era algo tan poco atractivo como tener granos o pecas”.

Impregnado de esta mentalidad, Wilson comenzó a triunfar como escritor y articulista en diversos periódicos británicos (The Spectator, Evening Standard, Daily Mail, Daily Telegraph…). También cosechó premios con diversos ensayos, novelas y biografías. Aunque nunca planteó un ataque directo a la religión, algunas de sus obras desprenden cierto tufo antirreligioso.

La conversión de Wilson no fue nada abrupta. Se reencontró con la fe, dice, tras un lento proceso de desencanto con el ateísmo. La vida era demasiada rica y profunda, como para dejarlo todo en manos del materialismo. También atribuye su cambio a un crecimiento interior que le ha llevado a dejar a un lado los prejuicios.

“Mi regreso a la fe me ha sorprendido a mí más que a nadie. ¿Por qué volví? En parte, por la confianza que he ganado con la edad. En lugar de achicarme ante los detractores de la religión, he caído en la cuenta de que cuando profeso mi fe en Cristo resucitado estoy desafiando a todos esos listillos”.

“Pero hay algo más que eso. En buena medida, he vuelto a la fe gracias al ejemplo de la gente que conozco. No son famosos ni santos, pero se han portado como amigos y han afrontado la vida y la muerte con la luz de la Resurrección”.

“Lo que vivimos en la Pascua responde a las preguntas sobre la dimensión espiritual de las personas. Este mensaje cambia la vida porque ayuda a comprender que nosotros, como Cristo, somos seres espirituales”.

Tras su salida del ateísmo, Wilson reprocha la ceguera de sus antiguos compañeros de viaje: “Cuando pienso en mis amigos ateos, incluido mi padre, me parece que estoy ante personas que no tienen oído para la música, o que nunca han estado enamorados”.

“No han descubierto –como creen ellos– el tremendo engaño de la religión (…) El problema es que no se han dado cuenta de algo muy sencillo. Quizá es demasiado obvio para entenderlo; tan obvio como los amantes creen que deben estar juntos, o tan obvio como la decisión final del que se fuga”.

La visita del Papa a Israel va destinada más a los libros de Historia, que a las páginas de los diarios


entrevista al presidente de Israel y premio nobel de la paz simón Peres/ www.elmundo.es / jueves 14 de mayo de 2009

El israelí que pasa estos días más minutos con el Papa (al margen de los guardaespaldas), el presidente Simón Peres, califica su visita de «histórica». «Como judío, creo sinceramente que el Papa está haciendo todo lo posible para reducir y eliminar la hostilidad que existía entre nuestras religiones», comenta Peres en un encuentro en su residencia oficial con cuatro periódicos extranjeros, entre ellos EL MUNDO. Rechaza las duras críticas que muchos ministros, diputados y periodistas israelíes han vertido contra Benedicto XVI por su «frialdad en el Museo del Holocausto donde no citó ni una sola vez a los verdugos nazis».

Es una visita histórica pero también muy polémica…

El problema es que su visita va más destinada a los libros de Historia que a las páginas de los diarios. No fue una visita más, ya que afrontó los problemas más profundos de nuestros tiempos. Desde el punto de vista israelí, el Papa ha sido clarísimo en su condena del antisemitismo, que resurge en todo el mundo. Incluso ha ido más allá afirmando que el vínculo entre el pueblo judío y los cristianos tiene valor histórico y un gran significado. Una declaración así cuando todavía hay antisemitismo, es importantísima. Estamos en la mejor época de las relaciones entre el judaísmo y el cristianismo.

Mañana se va el Papa ¿Se pueden hacer conclusiones?

Yo juzgaría esta visita desde una visión histórica. No me impresionan los accidentes o incidentes ocurridos, que no es lo más importante. La Historia juzgará su visita. El mayor problema desde un punto de vista intelectual es la confusión sobre el propio Dios. Hay quienes intentan convertirle en el jefe del terrorismo. Casi todos los terroristas hablan 'en nombre de Dios'. Tenemos dos dioses. Uno aterroriza y el otro está en favor de la paz, amistad y amor.

¿Cuál es el papel del Papa?

Se necesita un gran líder espiritual. El Papa es el líder natural. Es un hombre de pensamiento profundo y en muchos de sus discursos aquí se ha referido a estos problemas de fondo.

Las críticas se han centrado en la ceremonia de Yad Vashem, donde quizás el Papa pecó de «frío». ¿Comparte esta sensación?

Esas cosas no son las importantes. La ceremonia aquí, en la residencia presidencial, fue sumamente digna, sin ningún tipo de problemas.

En ese discurso, el Papa también habló de la necesidad de que «cada pueblo tenga su casa en su patria». Su apoyo a la creación de un Estado palestino es rotundo.

Es una visión legítima. Los gobiernos de Israel, incluido el actual, han aceptado esa fórmula. Los propios israelíes la aceptaron. Y el Gobierno actual afirma que respetará los compromisos pasados. La posición del Papa al respecto es conocida. Es también la postura del presidente de EEUU. No creo que se pueda pensar que es una declaración dirigida contra alguien.

Perdone pero su primer ministro, Benjamin Netanyahu, se niega a apoyar públicamente la solución de dos estados…

Tampoco ha dicho que la rechace, sino que necesita tiempo para elaborar la política del Gobierno. Creo que eso es normal. No hay motivos para que alguien se enoje.

Quien parece enojarse es la UE y miembros de la Administración Obama, que han criticado a Netanyahu y al ministro de Exteriores, Avigdor Lieberman.

No conozco ningún Gobierno en el mundo que haga lo que anunció antes de las elecciones. Uno hace coalición entre partidos, no con la realidad. Beguin dijo que no renunciaría al Sinaí pero al final firmó la paz con Egipto y se retiró de allí. Los líderes políticos no pueden dar la espalda a la historia. Deben decir a favor de qué están, pero no pueden determinar cuál será la realidad.

La cuestión del tamaño israelí

Con la misma rotundidad que defiende al Papa Benedicto XVI, el presidente de Israel, Simón Peres, avisa por enésima vez ante la posibilidad de que Irán tenga armas nucleares. «Es un problema mundial. No sólo de Israel». Cuando se le pregunta si está satisfecho por las acciones internacionales al respecto, contesta sin ocultar cierto enfado: «No. Creo que el problema de la comunidad internacional es su división. El hecho de que no tenga una política común le da ilusiones y fuerza al presidente iraní, Ahmadineyad».

Peres opina que «Al Qaeda e Irán hacen lo que hacen en nombre de Dios. Pero no creo que Dios haya dicho a los creyentes que lo más importante es producir uranio enriquecido, promover el terrorismo o tratar de establecer una hegemonía persa en Oriente Próximo».

Tras haberse reunido con el presidente de EEUU, Barack Obama, Peres no prevé un choque entre Obama y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reacio a hacer concesiones a los palestinos. «Para Israel, las relaciones con EEUU son primordiales, un bien precioso. Debemos entender que no somos el [país] líder del mundo. Es difícil ser modesto, pero no tenemos más remedio, considerando nuestro tamaño».

viernes 8 de mayo de 2009

Reprobando al Papa


artículo de juan Manuel de Prada, escritor /www.abc.es y

www.juanmanueldeprada.com /sábado 2 de mayo de 2009

[…] Para discutir son necesarias dos personas que aduzcan razones; pero cuando una aduce razones y la otra opone irracionalidad, consignas doctrinarias y aspavientos emotivos, la discusión se hace imposible y al sabio sólo le resta resignarse a que sus palabras sean tergiversadas, acalladas, anatemizadas por el guirigay de los ineptos. Benedicto XVI reclamó una humanización de la sexualidad, que consiste en liberar al hombre de la esclavitud de la promiscuidad para combatir el mal en sus orígenes; y el Mátrix progre, en lugar de liberar al hombre de la promiscuidad sexual, lo exhorta a entregarse a ella sin recato, regalándole a cambio un condón. Que, una vez usado, deja al hombre a merced de la promiscuidad, o sea, a merced del mal que, según nos asegura, pretende combatir.

Pero el acceso de furia irracional con que el Mátrix progre ha respondido nos invita a esbozar aquí una reflexión sobre la dificultad insalvable que constituye tratar de afirmar la verdad profunda de las cosas, en una época que ha renunciado a la posibilidad del conocimiento, enfangada en un lodazal en el que sólo triunfan el embrollo y la desintegración de la razón.

El Mátrix progre ha destruido la razón como guía de la acción humana, como motor de su voluntad; y cuando la voluntad humana se gobierna por el puro instinto, el mismo hombre ha sido destruido; esto es, animalizado.

En esta coyuntura, la incomprensión con que han sido acogidas las declaraciones del Papa me recuerda dolorosamente aquel pasaje evangélico (Jn 18) en el que, llevado al pretorio, Jesús conversa con Pilato; basta con que veamos en Jesús, varón de dolores, a la Iglesia de la que Benedicto XVI es cabeza visible, y en Pilato al mundo.

Benedicto XVI se esfuerza por entablar diálogo con el mundo, usando su mismo idioma, en busca de semillas de verdad: «Para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad escucha mi voz». A lo que el mundo responde con arrogante indiferencia, incapaz de entender un lenguaje que apela a la razón: «¿Y qué es la verdad?». Y, ante el escepticismo de Pilato, Jesús calla, mientras crece el clamor rabioso de la multitud: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!».

Y en esas estamos. El Papa, en una carta reciente a los obispos transida de dolor, constataba que «la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento»; y añadía: «El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto».

En la reacción furibunda del Mátrix progre ante las declaraciones de Benedicto XVI sobre la humanización de la sexualidad descubrimos la falta de orientación de un mundo que ya no se esfuerza por entender sus palabras, que ya ni siquiera las puede entender, porque le falta la luz que viene de lo alto. Es un signo escatológico clarísimo; y aceptando convertirse en diana del escarnio y la calumnia furiosa -en este contexto debemos situar este intento chusco de reprobación de los ignaros-, Benedicto XVI, varón de dolores, está preparando a los cristianos para afrontar la Cruz. Así de duro y así de simple: «Ecce Homo».

Intolerancia, religión y ateísmo

Artículo de francisco gil hellín, arzobispo de burgos/ agosto de 2008

Desde hace algún tiempo, es frecuente leer y escuchar que las personas religiosas son intolerantes. Se hace esta afirmación, porque se piensa que la intolerancia es el destino de quienes sostienen que hay verdades absolutas. Por verdad absoluta entienden la religión y, más en concreto, la religión católica.

La consecuencia es clara: la persona que quiere ser tolerante, no puede ser católica y si alguien se presenta como católico convencido, hace confesión pública de intolerancia y, por ello, de persona peligrosa para la convivencia. El resultado final ha de ser orillar y postergar a esas personas, en cuanto enemigos públicos.

No es infrecuente que tal acusación proceda de [algunos] sectores encuadrados en un fanatismo laicista, ateo, o agnóstico militante, que no sólo no admite la manifestación de ese gran principio cristiano «Dios es Amor», sino que le declara la guerra. Seguramente se imaginan que la verdad, la felicidad y el bien común se encuentran en la negación de los valores morales y religiosos.

El cardenal Giacomo Biffi, anterior arzobispo de Bolonia (Italia), desmontaba, recientemente este tópico. Y lo hacía con un argumento empírico-científico incuestionable. A saber, que la realidad histórica demuestra que la intolerancia, que llega hasta el asesinato en masa de inocentes, entra en el acontecer humano con el triunfo político de la razón separada de la fe; con el triunfo del «librepensamiento». De hecho, el principio de que es lícito suprimir categorías enteras de personas por el solo hecho de ser consideradas obstáculos objetivos para la imposición de una ideología, fue aplicado por primera vez en la historia en 1793, con la incansable actividad de la guillotina y con el genocidio de La Vendee.

Los frutos más amargos de esta semilla se produjeron en el siglo XX, el siglo más sangriento que se conoce, con la masacre de los campesinos rusos por parte de los bolcheviques, con la solución final del problema hebreo por los nazis, con las matanzas de camboyanos llevadas a cabo por los comunistas, entre otros.

En la cultura dominante, la duda está bien vista; en cambio, las certezas se miran con sospecha. Aunque, para ser más precisos, habría que afirmar que lo que se mira con sospecha no son las certezas sino las certezas de los demás. Tienen certezas y no las discuten, ocupados como están de acusar a los demás de dogmatismo.

Por otra parte, es interesante observar que el desprecio de las certezas de los demás se da sólo sobre cuestiones morales o religiosas: ninguno de los que aceptan la duda se dejaría operar por un cirujano que no estuviera seguro de su competencia, ni subiría al avión de una compañía aérea que manifestase incertidumbres sobre la seguridad del vuelo. No es cierto que la seguridad en la fe sea, de hecho, causa de intolerancia.

Pueden existir católicos que sean intolerantes. Pero su intolerancia no procede de la religión que dicen profesar, sino de la no profesión real de esa religión.

No es posible, en efecto, que sea causa de intolerancia una religión cuyo dogma fundamental es que «Dios es Amor». El que profese esta religión, ni puede ser intolerante ni origen de intolerancia, en el sentido de incapacidad de apreciar los valores allí donde se encuentran.

La intolerancia procede de la cerrazón mental que no hace distinciones.

Pero la cerrazón mental no es patrimonio exclusivo de personas creyentes, sino que se encuentra tanto en espíritus incrédulos como en espíritus religiosos. A Santo Tomás de Aquino le gustaba repetir: «Toda verdad, la diga quien la diga, viene del Espíritu Santo». Bastaría esta frase, que no tiene reciprocidad en la llamada mentalidad tolerante, para comprender hasta qué punto puede ser abierto un creyente.